Voz en off

Si esperamos a perfeccionar un proyecto para compartírselo al mundo, muy seguramente nunca lo llevaremos a cabo. Por eso, es mejor echarlo a andar y hacerle ajustes sobre la marcha.

Recuerdo que cuando estaba a punto de graduarme de Comunicación Social y Periodismo soñaba con ser presentadora de TV. Quizás por la idea que nos han vendido de que para ser exitoso en esta carrera es preciso tomar dicho camino, desconociendo los innumerables campos de acción en los que uno se puede destacar si la estudia.

De hecho, no tengo claro por qué esa ilusión cruzó por mi mente, dado a que mi desempeño en esta materia dejaba bastante que desear. Apenas la pasaba raspando con un 3.1 y temblaba cada vez que me ponía al frente de una cámara. Sudaba, me sonrojaba, se me olvidaba lo que iba a decir y cuando, por fin, lograba pronunciar una palabra, la voz me temblaba. 

Aún así, insistí y me dejé llevar por la terquedad e irreverencia de la época universitaria. Fue entonces cuando logré ingresar como practicante en la emisión del medio día de uno de los noticieros más vistos en los canales públicos de Colombia. Obviamente, no delante de las cámaras, sino detrás de ellas, con el fin de ir familiarizándome con este mundo. La experiencia resultó fatal y la vida insistía en demostrarme que ese no era el rumbo que debía tomar. 

Cuando empecé a grabar mis primeras notas, no tenía ningún problema a la hora de escribirlas, pero sí cuando llegaba el momento de grabar la voz en off que acompañaría el texto. Detestaba como me oía. No lograba hacer las entonaciones adecuadas, la voz se me destemplaba, las pausas que hacía eran demasiado largas, mi respiración golpeaba en el micrófono, me ahogaba y perdía el ritmo de la lectura cada tres líneas. El nivel de frustración era muy alto luego de tener que pedirle a otro colega que por favor leyera por mí la nota que era de mi autoría. Por supuesto, mis créditos nunca brillaban por sí solos en la pantalla de TV, pues siempre debían ir acompañados de otro nombre. 

Se sentía como si me hubieran robado los derechos, como si yo fuera invisible y me juzgaba duramente por no poder hacer lo que a otros les resultaba tan sencillo. De lo que no me daba cuenta era del enorme talento que tenía para escribir y de que la redacción de mis notas podía ser, de lejos, una de las mejores. Me enfocaba -como suele hacer nuestra mente- en la carencia y no en la abundancia de dones con los que venía de fábrica, causándole a mi interior un gran malestar y dolor emocional. 

A los pocos meses renuncié y me concentré en el área que verdaderamente me quitaba el aliento, que aceleraba las palpitaciones de mi corazón, en la que me sentía como pez en el agua: el periodismo gastronómico impreso. Allí las palabras escritas hablaban por mí, la pantalla del computador reemplazaba la de TV, los textos fluían con rapidez, no tenía que pelear con mi físico al ponerme delante de una cámara y, lo principal, mi desempeño siempre me dejaba satisfecha. 

Nunca es tarde

Sin embargo, con el paso del tiempo he venido entendiendo que lo que me faltó en aquel entonces no fue destreza vocal, sino seguridad y confianza en mí misma, así como una gran dosis de aceptación y amor propios. 

Por eso, hoy me levanté con la certeza de que volvería a intentarlo. Esta vez, hablando desde el corazón y no desde el ego, entendiendo que no es mi entonación la que debe encantar al oyente, sino el amor que deposite en que cada una de las frases que lleguen a sus oídos. 

De ahí, que haya decidido grabar por primera vez una de las meditaciones que comparto con los asistentes a mis talleres y que siempre leo en voz alta mientras ellos reposan tendidos en el piso y la siguen silenciosamente con los ojos cerrados. 

Meditación realizada durante el taller “¿Con qué emoción te alimentas?”. Dic. 1/18 (Bogotá)

Decidí que de ahora en adelante no voy a compartirle ni a ellos, como tampoco a los asistentes a mis terapias de coaching on-line, los ejercicios relajación de nadie más, sino únicamente los míos. Esos mismos, que yo escribiré y grabaré en voz alta para que los practiquen en casa, con el fin de que liberen esos miedos que yo alguna vez también padecí. 

PD: En el siguiente audio les regalo mi primera meditación guiada grabada con voz propia. Se denomina "Masaje al Cuerpo" y su intención es que te reconcilies con él a través del tacto. Practícala y déjame saber en los comentarios cómo te parece.
Meditación “Masaje al cuerpo”, por Evelyn Aguia.

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